DM 237 Una de insultos, cortes e impertinencias
Una parte nada desdeñable de mi actual trabajo consiste en soportar un chaparrón cotidiano de insultos, cortes e impertinencias entre otros comportamientos agresivos por parte de mis clientes o alumnos con problemas conductuales y, en la medida de lo posible, corregirlo con métodos democráticos y pacíficos, tal y como estipulan los manuales pedagógicos más modernos.
No quiero entrar en la polémica de si conviene utilizar la violencia física o no contra ellos en determinados casos. En la actualidad no está permitida en modo alguno por parte del profesorado y, en consecuencia, no la practico.
Tampoco quiero entrar en la polémica de si el actual sistema legal vigente para menores con comportamientos antisociales funciona bien o no.
Lo que sí estoy empezando a reflexionar es lo fácil que es tratar de destruir al otro mediante un lenguaje zafio y grosero, o una serie de trucos estilísticos simples o más refinados repetidos hasta la náusea.
Es fácil criticar con la intención de desacreditar al otro. Humillar. Maltratar. Destruir. Aumentar la entropía en vano.
Construir verdaderamente tiene mérito.










