DM167 Me ha insultado un Premio Nobel de Física... ¡Hurra!
DM167
Por primera vez en una larga temporada estoy teniendo la oportunidad de reflexionar a solas con tranqulidad y sosiego durante mi tiempo libre sobre algunas de las cosas que han ocurrido a lo largo de mi vida.
Sí, lo sé, debería salir más a menudo, viajar, salir de juerga, no darle tantas vueltas a la pelota, relacionarme con más gente y tal, buscarme un buen terapeuta que me psicoanalice (o algo así) hasta el fin de mis días en vez de dar la brasa al personal sobre mis idas de olla en el blog... pero eso cuesta bastante más dinero... y tiempo.
Recuerdo que cuando empecé a estudiar en la Universidad (pública, por supuesto), a mediados de la década de los noventa, una de las cosas que más me impactaron al principio fue la desvergüenza con la que hablaban bastantes alumnos, así como ciertos profesores. Frases como las que me dirigió un catedrático en tono paternalista y para infundirme ánimos mientras cursaba segundo durante el transcurso de una tutoría como "La jodienda no tiene enmienda, y no le hurgues que es peor", son de esas que se te quedan grabadas a fuego en tu memoria. Como trataba de justificar un compañero con cierto sentido del humor, recordando una vieja historia acaecida tiempo atrás en el agro salvaje: "hablar bien delante de una mujer moza no cuesta un pijo".
Años atrás se decía que "sólo se aprende a lanzar juramentos de verdad cuando se saca el carné de conducir". A partir de mi experiencia personal creo que para aprender a insultar de forma auténticamente grosera y creativa hoy en día conviene pasarse al menos unos días por algunos lugares de ciertas Facultades, algunas listas de correo, foros, blogs, y ciertos programas de televisión y radio. Vamos, algo fácil y barato que está prácticamente al alcance de todos.
Por aquel entonces ya éramos todos (o casi todos) mayores de edad, y yo había dado el gran salto, de pasar de estudiar en un centro privado concertado regentado por por religiosas o por sacerdotes que se escandalizaran ante semejantes actitudes como en los catorce años anteriores, a uno totalmente laico y conformado mayoritariamente por personas de ideología de izquierdas, salvo la vieja guardia (al menos a la hora de posicionarse). Y, salvo en ocasiones puntuales (¡ay!), normalmente no se ofendía directamente a nadie ni a ningún colectivo minoritario (o, al menos, no demasiado).
Para conocer un idioma medianamente bien, es necesario dominar todos los niveles de la comunicación, incluido el lenguaje soez. (Nos lo recordó mediante su actos y obra el ya desaparecido Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela.) Así que, finalmente, hice un cursillo intensivo al respecto.
Vale, perfecto, ¿no?. Entonces, ¿dónde está el problema? Bien, yo veo varios.
En primer lugar, la posibilidad de quedarse encasillados en esa subcultura soez. Al principio puede ser divertido que todos los días te saluden diciendo ¿A dónde vas, pedazo de cabrón?, y contestar con una salvajada similar, de buen rollete y continuar con la sátira y las bromas más o menos gruesas de forma indefinida. El ambiente puede recordar un poco al de la desaparecida mili, las clases pueden acabar pareciéndose en ocasiones a la instrucción de los Marines de La Chaqueta Metálica, y una puede permitirse el lujo después de graduarse de bromear sobre aquellos años en la Universidad como si en vez de haber cursado unos estudios univeristarios, fueras una veterana de una guerra sin pérdidas humanas (salvo excepciones, claro está).
Que conste que, a la hora de ponerse serios, la mayoría de los titulados podemos permitirnos el lujo de serlo y "estar en nuestro sitio". Y que la mayoría de los científicos pueden ser muy educados, elegantes y todo lo demás cuando se lo proponen.
Y también que la crítica constante y la revisión de hipótesis, experimentación y análisis despiadado de datos es absolutamente necesaria para que la Ciencia avance. Es una parte fundamental del método científico.
Esta crítica constante debe ser constructiva, por supuesto, y aplicarse a las ideas y hechos, y no a las personas. Pero los científicos son seres humanos al fin de cuentas, y en ocasiones han llegado a crear una cultura propia del insulto y la crítica despiadada mordaz. (Aunque esto también es aplicable a otros círculos intelectuales y laborales)
En libros como el de Ansiedad por el estatus, de Alain de Botton, ya reseñado por pjorge, se explica cómo la gente se afana por conseguir estatus, y algunos científicos bohemios (y algunos charlatanes también) creen consiguirlo acumulando elogios o insultos de científicos prestigiosos. Me han hablado de que hay quienes que incluso los coleccionan, aparte de dedicarse a aprender sueco en su tiempo libre, por si alguna vez les toca ir a recoger un Nobel. (*glubs*)
En cierta manera algunos creen que si consiguen sacar de sus casillas a alguien importante y que éste le dedique una sarta de insultos -siendo asertivos y sin agredirle personalmente de forma previa (al menos en teoría)- es que al contrincante de estos duelos intelectuales se le han acabado los argumentos lógicos y racionales para discutir la cuestión, y algo de razón llevará (y le habrá tocado en un punto débil de su teoría/tesis/artículo/experimento) si se ha irritado tanto por ello...
Todo esto a veces puede crear camaradería para soportar largas jornadas de duro trabajo y llegar a ser incluso muy divertido. Y originar historias cómicas como ésta en la blogosfera. Pero también es muy agotador al mismo tiempo. Y/o estéril e inútil.
Con el paso del tiempo, a veces puede crear unas dinámicas sociales muy negativas para quienes están dentro del circuito científico. Y también puede crear barreras incomprensibles para quien no conoce ese mundillo por dentro. Desde la propia familia hasta algunos reporteros ocasionales de cuestiones científicas y, no hablemos de la gente de a pie.
Y por último, abordemos la cuestión: si eres mujer, ¿qué haces? ¿Te aíslas del ambiente de cuartel, te integras plenamente en él -en plan mujer macho-homologable feminista radical -, tratas de redefinir tu propia condición femenina en él (???), buscas a un macho alfa que te proteja...? Si hay más mujeres, ¿organizas una alianza femenina sólo con ellas, organizas una lucha paralela sólo de mujeres en plan catfight? ¿Con técnicas aún más refinadas -armas de mujer- tratas de conquistar en solitario el ascenso, te asexúas por completo y te entregas únicamente a los placeres intelectuales de escudriñar las propiedades abstractas de los Espacios de Hilbert? ¿Tratas de encontrar alguna solución verdaderamente creativa y rompedora? ¿Abandonas?
Post Scriptum: A ver si encuentro el tiempo necesario para escribir la segunda parte de este texto: "El lado oscuro de los buenos modales." O mejor, lo dejo propuesto como ejercicio para el ingenioso lector.
Nota Bene.- Tiempo atrás, abordé la cuestión -con un enfoque un tanto diferente y en un tono un tanto más agrio- en uno de mis blogs anteriores. Levantó una cólera tan airada por parte de algunos de mis viejos compañeros que, finalmente, decidí retirarlo. Se lo tomaron como un ataque personal e incluso una vulneración del secreto profesional. Sinceramente, sigo sin verlo de esa forma y reitero que, a menos que insistan en ello personalmente, no voy a desvelar la identidad de los mismos. Creo que es correcto identificar un problema -en este caso, de dificultades de comunicación entre personas con diferentes bagajes culturales- y tratar, en la medida de lo posible, hallar una solución que satisfaga en el mayor grado posible a todos.
Nota Bene 2.- El título del post no hace referencia a ningún hecho real personal, sólo pretende caricaturizar hasta el extremo algunas de las actitudes que se denuncian/satirizan en esta entrada.
Actualización: 08-12-2006 12:28 GMT+1 Me han comentado que en el suplemento de hoy de EL MUNDO "Yo Dona" hay un reportaje dedicado a la escasez de mujeres que han recibido el Premio Nobel y las dificultades que encuentran para abrirse paso en un ambiente tan masculino.
A estas alturas, he llegado a un nivel de nihilismo y cinismo tal, que si alguna vez llegara a publicar un paper de verdad en una auténtica revista científica, lo que verdaderamente me haría ilusión es que me concedieran un Ig Nobel, no pudiera asistir a la ceremonia de entrega por falta de recursos y pudiera decirle a toda la gente que me conoce: ¿Veis? Llevábais toda la razón... soy realmente lo peor de lo peor.










