DM164 Mileuristas, de Espido Freire
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A pesar de que no me gusta demasiado hablar de libros en el blog, porque - entre esas cosas - , eso fomenta mi impenitente bibliomanía, hoy [bueno, ayer] no he podido resistirme al vicio y me he permitido un lujo: me he hecho con un ejemplar de "Mileuristas", de Espido Freire, en El Corte Inglés. Debo reconocerlo, antes de comprarlo, he procurado maliciosamente que todos los empleados de la sección y alguna otra próxima, se fijaran en el título que me llevaba... Como son vendedores profesionales, me han sonreído muy amablemente...
Por cierto, hoy habían pegado en todos los escaparates del centro comercial un inmenso lazo rojo...
Pero volvamos al libro. Está bastante bien documentado desde el punto de vista sociológico, y la autora, de unos 32 años de edad, está dentro del rango de edades a los que pertenece el grueso de la población que padece el mileurismo. Sin embargo, ella no pertenece a ese grupo social, y casi pide disculpas de ello en una sección titulada El complejo de culpa del que le ha ido bien. Por ello, y debido a la gran extensión de aspectos del fenómeno que describe, no pretende analizar en demasía en las causas profundas de los mismos.
A pesar de ello, no estoy muy segura de que haya acertado en toda la descripción. Se nutre básicamente de textos ya publicados por otros especialistas más en que un trabajo de campo personal. Y al final de la lectura, se observa una posición de distanciamiento, de frialdad casi respecto a los mileuristas. [Continuará... o no]
Actualización: (4/12/06) Esta entrada está en proceso de reescritura. Disculpen las molestias.
Actualización: (5/12/06) 14:05 GMT+1 Añado la respuesta recibida de la propia autora, Espido Freire, al texto original. (Lo añadiré más abajo en cuanto tenga un momento para recuperarlo. Trataré de contestarlo en una entrada posterior)
. Querida Estefanía:
Muchas gracias por la reseña que me dedicas. Y gracias por molestarte, una vez que hubieras cerrado el libro, en dedicarle aún más tiempo. Quisiera, sin embargo, con todo respeto y con mucho cariño, además, plantear un par de cuestiones.
No sé si puedo estar de acuerdo en lo que llamas frialdad, o falta de cercanía al fenómeno. Si se trataba de un análisis, pecaría de informal de no adoptar esa postura. De hecho, a mí me faltaba en los textos que leía una cierta capacidad de crítica, y una relación con la generación anterior o posterior. Es lo que he intentado hacer, y por ello prescindí de testimonios personales, que era algo que me planteé en un primer momento.
Por otra parte, no me parece demasiado adecuado el énfasis en si pertenezco o no a ese sector social, que es algo que me han planteado bastantes mileuristas. ¿Cómo hablas de un tema que no conoces? Mi respuesta suele ser que no es cierto, que lo conozco muy bien, y que el fenómeno de la falta de poder y visibilidad de los jóvenes es una obsesión para mí desde hace años, como puede comprobar cualquiera que lea mis artículos. Pero, independientemente de mi respuesta creo, con toda sinceridad, que estar sumido en un problema no asegura una mejor capacidad para analizarlo, ni para observar sus causas. Y por otro lado, para bien o para mal, quienes llevan a cabo esa crítica nada saben de mis circunstancias ni personales, ni laborales.
Decías que faltaba investigación personal en el libro. Permíteme que te diga que estás equivocada, y además, radicalmente equivocada.
Tengo 32 años y medio. Como hija de obrero, como nieta de agricultores, como hija de gallegos en el País Vasco, castellano parlante, sin derecho a becas por misteriosas razones políticas en las que los ingresos económicos no contaban, como estudiante de una carrera condenada al paro, (Filología), puedo asegurarte que sé todo lo que hay que saber sobre pobreza, sobre el trabajo duro, la frustración y la sensación de fracaso constante. Trabajé primero en Inglaterra (como aupair, una experiencia terrorífica), como profesora y como lo que saliera. Luego en Noruega, coordinando áreas entre universidades. He sido becaria, he estudiado tres carreras, a dos de las cuales me he dedicado (Canto y Filología; sólo soporté un año de derecho), tengo un diploma de Pedagogía, y un Máster en Edición de Textos. Comencé cobrando menos de 20.000 pts al mes como traductora y articulista, (1998) y eso lo completaba con clases tan exóticas como inglés, música, lengua o gaita gallega. Sí, gaita gallega. La vida, hija.
Quizás desde fuera sólo se vea que estudié en Deusto, y que gané un Planeta. Lo uno fue obra de los ahorros de mis padres, (mi madre era modista, además de ama de casa, se da por supuesto) y lo otro, de mi trabajo personal y de la coyuntura de las editoriales, posiblemente. Fui niña prodigio en música, algo que me dio más problemas que ventajas, y que me arrojó de lleno a la bulimia. Sé lo que es una hipoteca porque acabo de ampliar la mía hasta el año 2046, y de pedir un préstamo para montar una empresa que se ocupa de la promoción cultural y que da empleo a tres mujeres, menores de 35 años, y en situaciones laborales precarias. Yo, por supuesto, no tengo sueldo asignado, ni posiblemente vea beneficios en varios años.
Empleé el dinero en la entrada de una casa, ahorrar es una obsesión para mí, porque mi trabajo es tan inseguro que un par de meses malos (julio y agosto, por ejemplo), pueden tener como ingresos 200 o 300 euros. Los buenos, obviamente, no. Viajo en metro, me arreglo mi ropa, o lo hace mi madre cuando pasa de moda, no tengo coche, ni posibilidades de viajar salvo cuando hago un reportaje. En febrero del año pasado me cogí mis primeras vacaciones en ocho años. No he tenido nunca un trabajo fijo, de ahí que haya decidido crearlo yo. No hay sindicatos de autores, ni asociaciones, ni ningún organismo que nos proteja. Ni siquiera tenemos estudios específicos.
Estefanía, yo no me disculpo. No tengo nada por lo que disculparme. Creo que no es culpa mía si, independientemente de la realidad, me siguen viendo como una empollona pija. No pido disculpas porque no siento vergüenza, sino rabia. Porque pese a todo, soy, entre mis amigos, a la que mejor le va. He publicado un ensayo sobre bulimia, porque no podía permitir la hipocresía que rodea el cuerpo femenino, y he querido hablar de mileuristas porque no soporto el silencio sobre este tema. Ni los mitos en torno a vivienda, contratos o vagancia juvenil, que son mentiras mucho más intolerables que la propia situación. Y he descubierto, con auténtica pena, que aparecer en prensa y ser conocida en tu sector es algo que mucha gente asocia inmediatamente con la riqueza. Y que eso no se perdona.
Quizás, pese a todo lo que te digo, tampoco sea yo la más adecuada para contarlo, por mil razones que pueden aducirse: que debiera ser un sociólogo, o un filósogo, o un economista. Pero es que nadie, nadie, ni mileurista, ni adulto babyboomer, ni rico, ni pobre, ni listo, ni tonto, había dedicado antes un libro a este tema. He sido yo. Ahora veo cómo programas, periódicos y radios parafrasean mi libro y se apropian de contenidos sin ni siquiera citar el origen. Que trivializan sobre problemas y soluciones, y me pregunto, como lo hago con cada libro, si esto sirve para algo. No deseo colgarme ninguna medalla, pero creo que había datos que desconocías, y que sesgaban tu percepción de mi libro. Quizás ahora tengas más de los que necesitabas, y te pido disculpas si ni siquiera te interesaba y te he impuesto mi presencia. Pero quería contártelo. Un abrazo fuerte, añado tu blog a mi lista. Espido Freire
Actualización: (6/12/06) 23:33 GMT+1 Supongo que esta respuesta personal de la propia escritora se merece una revisión de la reseña inicial y una nueva entrada al respecto. En principo dejo la reseña de un modo bastante similar al original en esta entrada (para que la respuesta de la autora sea congruente y comprensible) y realizaré otra un poco más sosegada más adelante.
Actualización: (10/12/06) 17:19 GMT+1 Añadida respuesta aquí.
Actualización: (31/01/07) 22:02 GMT+1 Añadida respuesta de Espido Freire a la respuesta aquí Actualización: (10/12/06)










